El leopardo pertenece a la clase de los mamíferos, en la orden de los carnívoros de la familia de los félidos.
Tiene la cabeza grande y redondeada, el hocico poco prominente, el cuello muy corto, el cuerpo robusto, el aspecto del tronco delgado y flexible en su conjunto; las patas presentan una altura y robustez de tipo medio y terminan en pies anchos y redondeados. El color predominante en el pelaje es el amarillo rojizo pálido, más oscuro en el dorso, y claro, casi blanco y relativamente más largo, en las partes inferiores y anteriores; presenta, además, unas características rayas y manchas negras sobre la cara, y el resto del cuerpo está también densamente cubierto de manchitas negras, llenas y redondas, cuyo tamaño varía desde el de un guisante al de una nuez. En la parte superior del dorso y a los lados del tronco, algunas de estas manchas presentan el aspecto de anillos abiertos o cerrados. Ágil trepador, tiene hábitos nocturnos.
La cola, cubierta también de manchas, es de color blancuzco por la parte inferior. Las orejas son de color gris negro en la parte externa, con una gran mancha blanquecina en su terminación; el ojo tiene el iris amarillo verdoso y la pupila redonda. En la coloración del pelaje los machos casi no se diferencian de las hembras, ni los viejos de los adultos; sin embargo, hay individuos más oscuros, otros que tienen un color de fondo casi blanco y muchos que, por un difundido fenómeno de melanismo, son casi del todo negros: estos últimos son comúnmente llamados "panteras de la Sonda" o más bien "panteras negras" o "leopardos negros". Estos individuos negros, no muy distintos a nuestros gatos de igual color y cuyas manchas se notan tan sólo cuando la luz les da de un modo particular, viven generalmente en la península malaya, archipiélago de la Sonda y, a veces, en las regiones situadas más al norte de estas zonas.
Todos estos felinos se parecen en carácter y hábitos, y sólo presentan alguna diferencia en la fuerza y en la robustez del cuerpo. Unos prefieren dar caza a animales salvajes pequeños y a los domésticos también menores, otros persiguen la fauna salvaje mayor y los animales domésticos de cualquier clase, y a veces atacan incluso al hombre, cuya presencia, sin embargo, procuran siempre evitar: en resumen, se puede decir que son los félidos más parecidos al tigre.
Los leopardos ocultan sus presas normalmente en las ramas de los árboles a fin de que los carroñeros u otros felinos más grandes que ellos no puedan arrebatarles su presa.
El área de dispersión del leopardo es muy vasta: comprende casi toda Africa, al sur del Sahara, y gran parte de Asia, desde el Cáucaso a la región del río Amur, y de Siberia a Java; pero no se le encuentra nunca en los territorios septentrionales ni en las grandes llanuras tibetanas.
A primera vista, el pelaje del leopardo puede aparecer demasiado vistoso para un animal que debe sorprender a su presa mediante emboscadas prolongadas y pacientes entre matorrales y bosques. Pero no es así, los cazadores, que conocen bien las localidades en que viven, saben lo adecuados que son tales colores, sin duda los más aptos para ocultarse entre las rocas y la vegetación. El leopardo es común en todos los bosques de alto arbolado, más o menos espesos; huye de las llanuras herbáceas, aunque a veces se le encuentra en la estepa, donde se vale de la excelente velocidad para atrapar a sus presas; en las regiones agrícolas se establece a menudo en los campos y en las plantaciones, o bien en los bosquecillos de arbustos. Vive asimismo a gusto en la montaña, donde las altas hierbas le ofrecen muy buenos escondites y la ocasión de cazar diversas y abundantes presas. En Abisinia este felino vive en zonas comprendidas entre los 2000 y 3000 m, y suele establecer su guarida cerca de los lugares habitados por el hombre, donde luego llevará a cabo sus rapiñas.
De una agilidad asombrosa y más robusto que otras fieras, es un verdadero maestro en el arte de atacar por sorpresa a la fauna salvaje más veloz y más cauta. Es además, un magnífico trepador y se mueve con la misma habilidad tanto entre los árboles como en medio de la maleza. Cuando se da cuenta de que le persiguen sube rápidamente a los árboles, y en caso de necesidad incluso cruza a nado lagunas o ríos bastante anchos. Su gran belleza no sólo se manifiesta cuando está en acción, sino que todos y cada uno de sus movimientos resultan elásticos, ágiles y ligeros, y sus gestos son graciosos y delicados: en suma, un leopardo que corre y salta entre la hierba constituye un hermoso espectáculo, sólo comparable al que ofrece otro carnívoro bastante más pequeño: la jineta.
Se sabe también que posee un temperamento explosivo, pues cuando se da cuenta de que sus hijos están amenazados, se precipita furiosamente contra el adversario, aunque haya sido herido por éste. Se sabe también que el leopardo ataca al hombre espontáneamente, sin ser provocado lo más mínimo; en varias partes de la India se habla de leopardos antropófagos.
Los leopardos se adaptan sin dificultad a los medios más diversos. Lo mismo pueden vivir en parajes montañosos y resecos como en la sabana, en los bosques frondosos de las zonas cálidas y húmedas o en regiones casi desérticas.
Mide de 1 a 1,5 m de longitud, más 75 a 100 cm de cola. Su altura oscila entre los 45 y 62 cm, y puede alcanzar los 90 kg de peso. El pelaje es corto y ralo (más largo en los ejemplares que viven en la montaña), de color ocre, amarillento o blancuzco y con numerosas manchas negras circulares. Los ejemplares negros son las llamadas panteras negras. Viven en las sabanas, desiertos y bosques de una parte de Africa y Asia. Es feroz, pero poco valiente.
Por la información descrita anteriormente puedo acertar que el tótem de “Leopardo” concuerda conmigo:
• Soy delgado.
• En lugar de ocultar mi comida en los árboles, degusta hacerlo sin que me molesten y en ese aspecto, de la alimentación, soy muy egoísta.
• Considero que tengo una muy buena velocidad no comparada con la del leopardo pero parecida.
• Me parece que también tengo la facilidad de adaptarme al medio en el que me desenvuelva o en el que este presente.
• Y lo más parecido que tengo al leopardo es en el temperamento explosivo.
• Sin mencionar, como se observa en la foto, pasa periodos de tiempo relativamente largos para descansar, en mi caso el periodo de descanso es el doble.
Tiene la cabeza grande y redondeada, el hocico poco prominente, el cuello muy corto, el cuerpo robusto, el aspecto del tronco delgado y flexible en su conjunto; las patas presentan una altura y robustez de tipo medio y terminan en pies anchos y redondeados. El color predominante en el pelaje es el amarillo rojizo pálido, más oscuro en el dorso, y claro, casi blanco y relativamente más largo, en las partes inferiores y anteriores; presenta, además, unas características rayas y manchas negras sobre la cara, y el resto del cuerpo está también densamente cubierto de manchitas negras, llenas y redondas, cuyo tamaño varía desde el de un guisante al de una nuez. En la parte superior del dorso y a los lados del tronco, algunas de estas manchas presentan el aspecto de anillos abiertos o cerrados. Ágil trepador, tiene hábitos nocturnos.
La cola, cubierta también de manchas, es de color blancuzco por la parte inferior. Las orejas son de color gris negro en la parte externa, con una gran mancha blanquecina en su terminación; el ojo tiene el iris amarillo verdoso y la pupila redonda. En la coloración del pelaje los machos casi no se diferencian de las hembras, ni los viejos de los adultos; sin embargo, hay individuos más oscuros, otros que tienen un color de fondo casi blanco y muchos que, por un difundido fenómeno de melanismo, son casi del todo negros: estos últimos son comúnmente llamados "panteras de la Sonda" o más bien "panteras negras" o "leopardos negros". Estos individuos negros, no muy distintos a nuestros gatos de igual color y cuyas manchas se notan tan sólo cuando la luz les da de un modo particular, viven generalmente en la península malaya, archipiélago de la Sonda y, a veces, en las regiones situadas más al norte de estas zonas.
Todos estos felinos se parecen en carácter y hábitos, y sólo presentan alguna diferencia en la fuerza y en la robustez del cuerpo. Unos prefieren dar caza a animales salvajes pequeños y a los domésticos también menores, otros persiguen la fauna salvaje mayor y los animales domésticos de cualquier clase, y a veces atacan incluso al hombre, cuya presencia, sin embargo, procuran siempre evitar: en resumen, se puede decir que son los félidos más parecidos al tigre.
Los leopardos ocultan sus presas normalmente en las ramas de los árboles a fin de que los carroñeros u otros felinos más grandes que ellos no puedan arrebatarles su presa.
El área de dispersión del leopardo es muy vasta: comprende casi toda Africa, al sur del Sahara, y gran parte de Asia, desde el Cáucaso a la región del río Amur, y de Siberia a Java; pero no se le encuentra nunca en los territorios septentrionales ni en las grandes llanuras tibetanas.
A primera vista, el pelaje del leopardo puede aparecer demasiado vistoso para un animal que debe sorprender a su presa mediante emboscadas prolongadas y pacientes entre matorrales y bosques. Pero no es así, los cazadores, que conocen bien las localidades en que viven, saben lo adecuados que son tales colores, sin duda los más aptos para ocultarse entre las rocas y la vegetación. El leopardo es común en todos los bosques de alto arbolado, más o menos espesos; huye de las llanuras herbáceas, aunque a veces se le encuentra en la estepa, donde se vale de la excelente velocidad para atrapar a sus presas; en las regiones agrícolas se establece a menudo en los campos y en las plantaciones, o bien en los bosquecillos de arbustos. Vive asimismo a gusto en la montaña, donde las altas hierbas le ofrecen muy buenos escondites y la ocasión de cazar diversas y abundantes presas. En Abisinia este felino vive en zonas comprendidas entre los 2000 y 3000 m, y suele establecer su guarida cerca de los lugares habitados por el hombre, donde luego llevará a cabo sus rapiñas.
De una agilidad asombrosa y más robusto que otras fieras, es un verdadero maestro en el arte de atacar por sorpresa a la fauna salvaje más veloz y más cauta. Es además, un magnífico trepador y se mueve con la misma habilidad tanto entre los árboles como en medio de la maleza. Cuando se da cuenta de que le persiguen sube rápidamente a los árboles, y en caso de necesidad incluso cruza a nado lagunas o ríos bastante anchos. Su gran belleza no sólo se manifiesta cuando está en acción, sino que todos y cada uno de sus movimientos resultan elásticos, ágiles y ligeros, y sus gestos son graciosos y delicados: en suma, un leopardo que corre y salta entre la hierba constituye un hermoso espectáculo, sólo comparable al que ofrece otro carnívoro bastante más pequeño: la jineta.
Se sabe también que posee un temperamento explosivo, pues cuando se da cuenta de que sus hijos están amenazados, se precipita furiosamente contra el adversario, aunque haya sido herido por éste. Se sabe también que el leopardo ataca al hombre espontáneamente, sin ser provocado lo más mínimo; en varias partes de la India se habla de leopardos antropófagos.
Los leopardos se adaptan sin dificultad a los medios más diversos. Lo mismo pueden vivir en parajes montañosos y resecos como en la sabana, en los bosques frondosos de las zonas cálidas y húmedas o en regiones casi desérticas.
Mide de 1 a 1,5 m de longitud, más 75 a 100 cm de cola. Su altura oscila entre los 45 y 62 cm, y puede alcanzar los 90 kg de peso. El pelaje es corto y ralo (más largo en los ejemplares que viven en la montaña), de color ocre, amarillento o blancuzco y con numerosas manchas negras circulares. Los ejemplares negros son las llamadas panteras negras. Viven en las sabanas, desiertos y bosques de una parte de Africa y Asia. Es feroz, pero poco valiente.
Por la información descrita anteriormente puedo acertar que el tótem de “Leopardo” concuerda conmigo:
• Soy delgado.
• En lugar de ocultar mi comida en los árboles, degusta hacerlo sin que me molesten y en ese aspecto, de la alimentación, soy muy egoísta.
• Considero que tengo una muy buena velocidad no comparada con la del leopardo pero parecida.
• Me parece que también tengo la facilidad de adaptarme al medio en el que me desenvuelva o en el que este presente.
• Y lo más parecido que tengo al leopardo es en el temperamento explosivo.
• Sin mencionar, como se observa en la foto, pasa periodos de tiempo relativamente largos para descansar, en mi caso el periodo de descanso es el doble.
RSCesarAu

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